Por momentos me sentía libre, como si estuviera cayendo por un precipicio con los ojos cerrados y la verdad es que lo estaba. Una vez que estas en el aire, no te queda más que esperar llegar al piso. Cuando caía, las ganas de querer lanzarme ya se me habían quitado, ¿pero que hacía? Ya me había lanzado. No me pense las cosas 2 veces. Sabía que en cuestión de segundos estaría abajo y quién sabe si viviría para contarlo, pero como ya dije, ya me había lanzado y ya no podía retroceder. Era una locura, todo lo es. Lanzarme por un precipicio, esperar a caer y al final, caer. Todo estaba bien asegurado y aún sabiendo las consecuencias, me lance.
Supongo que así es con todo: te arriesgas, saltas, caes y todo perdido. Así es como pasan con las cosas a lo largo de nuestra vida, no nos pensamos más de 2 veces si lo que estamos haciendo es lo correcto, no nos damos el tiempo necesario para pensar si es lo que en verdad queremos hacer.
Esperar, algo muy importante que debemos hacer. Pensar, nos ayuda a elegir lo correcto. Eligir, lo mas difícil de todo, pero que al final tenemos que hacerlo, será cosa de nosotros de saber si era lo correcto. Puede que no seamos capaces de hacerlo como debemos, pero ya nos arriesgamos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario