No es que no tenga nada que decir, porque la verdad es que tengo miles de cosas que debería y de cierta forma quiero decir, pero no puedo. No es que no puedo porque no debería, no puedo porque no soy capaz de decirlas y cuando trato de dejarlas ir, se acumulan. Entonces es cuando todo se vuelve rutina: No digo, me callo, dejo ir, se acumulan y jamás llego a ser capaz de soltar todas las palabras que me agobian.
Si tan solo fuera algo sencillo soportar, de guardar, de que no sea importante de decir.. Pero no, resulta que eres tú. Necesito, quiero, deseo y mantengo mis ideas de todo lo que te quiero decir desde la última vez que estuviste a mi lado.
No es desahogo, es la manera en la quiero que sepas que aun me sigues importando, que aun no te he olvidado, que recuerdos como esos de mi mente no se borran y simplemente no soporto el hecho de que tú no sintieras lo mismo. Lo se, debo olvidar, seguir adelante pero duele. Por mas que quiera olvidar y seguir adelante, cada vez que te veo, que te abrazo pero no de la manera en la que te abrazaba antes, que hablo contigo, que te dirijo la mirada me doy cuenta de lo importante que fuiste para mi.
Las palabras me destrozan, los pensamientos me debilitan y los recuerdos me dejan en el pasado, haciéndome daño cada vez que deseo volver a recobrar esos momentos contigo. No porque ya no te tengo, no porque necesito a alguien a quien abrazar, no porque se que ya pudiste dejar atrás todo aquello que tenga que ver conmigo, sino porque cuando yo mas te quería, cuando mas me importabas... Tú no sentías lo mismo por mi.
No hay comentarios:
Publicar un comentario