viernes, 30 de septiembre de 2011

Engañada y mi mayor temor.

Te estaba abrazando, no lo podía creer. En ese momento te tenía de nuevo entre mis brazos, podía sentir tu aliento en mi pelo, como tus brazos rodeaban mi cintura. Extrañaba esos momentos, en los cuales podía sentirte muy cerca de mi cuerpo, donde tus brazos se volvían mi felicidad por esos minutos, donde mis deseos de no apartarme se volvían eternos. Pero como todo momento feliz, no duró mucho... Te alejaste, sostuviste mi mano y me susurraste al oído, palabras claras, lentas, que nunca podré olvidar. "Te amo". Fue lo único que pude y quería oir en ese momento. Sonreí como solo tú me hacías sonreir, me aleje un poco para contemplar tus ojos y ese fue el momento en el que contemplé tu cara y lo mejor de ella: tu mirada. Esa mirada que me hacía poner los pelos de punta, esa profunda mirada en la que siempre me perdía. Soltaste mi mano para agarrar la que tenías a tu lado y no al frente. Ahí estabas, agarrado de la mano con quien yo más temía... Ella. Dirigiste tu mirada a sus ojos oscuros y la miraste como hace unos segundos me mirabas a mi, le pronunciaste al oído las mismas palabras, para luego dirigirte lo más lejos posible. 

Ese fue el final de mi sueño. El mejor del peor, donde te veo llegar y luego partir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario